Más allá del brillo y la celebración de los Premios Soberano, la noche también dejó en evidencia varios desaciertos que no pasaron desapercibidos.
Uno de los puntos más comentados fue el manejo de cámaras, donde en ocasiones parecía priorizarse captar la reacción de los nominados que no resultaban ganadores, en lugar de resaltar el triunfo. Casos como La Perversa, El Blachy, Martha Candela y otros nominados, evidenciaron una narrativa más enfocada en la tensión que en la celebración.
También generó críticas la participación de Georgina Duluc en el segmento In Memoriam. Aunque por años fue considerada la reina de la alfombra —y eso no se lo quita nadie—, en su rol de conducción no tuvo el mismo acierto. Su participación se percibió nerviosa, tensa y con una dramatización que muchos calificaron de sobreactuada, lo que le restó naturalidad a un momento que debía ser profundamente emotivo.
Otro hecho cuestionado fue la situación protagonizada por la productora Aidita Selman, al hacer pública una reclamación económica de 2 millones a la familia del fenecido Rubby Pérez en la sala de prensa tras recibir su estatuilla ganadora pro espectáculo “Rubby Pérez Infinito” realizado en julio 2025, lo que muchos consideraron inapropiado para el contexto del evento.
En contraste, la participación de Martha Heredia en el In Memoriam fue valorada como uno de los momentos más impactantes y bien logrados de la noche.
En el lado positivo, la conducción de Irving Alberti, fue uno de los grandes aciertos. Con rutinas conectadas al momento, agilidad escénica y caracterizaciones que provocaron carcajadas genuinas, logró mantener el ritmo del espectáculo y conectar con el público, aportando frescura y dinamismo a la gala.
Más allá de quién resulte ganador, el debate también se centra en quién realmente lo merece. En esta edición, se ha cuestionado la voluntad del público que consume el contenido que se premia, abriendo una conversación necesaria sobre criterios, transparencia y conexión real con la audiencia.
En ese sentido, el Gran Soberano otorgado a Jochy Santos fue considerado por muchos como un acierto, por poseer una trayectoria impecable, exitosa y con una impronta que perdura en generaciones. El comunicador aprovechó el escenario para enviar un mensaje claro sobre la importancia de mantener “el nivel y el respeto”; una crítica constructiva a la comunicación en contraste con ciertas prácticas que se han venido observando en los últimos tiempos.
Otro punto a revisar es el manejo de las premiaciones en diferido, donde, aun estando presentes en sala, algunos nominados deben enterarse a través de una pantalla de que han resultado ganadores, una dinámica que resta emoción y protagonismo a quienes deberían vivir ese momento en escena.
Por otro lado, persisten quejas importantes sobre el trato a la prensa: falta de condiciones básicas como agua, espacios incómodos y poco apoyo logístico, lo que dificulta una cobertura eficiente de un evento de esta magnitud.
Finalmente, el control de la alfombra roja dejó mucho que desear, con una organización que muchos compararon con un espacio improvisado, congestionado y sin el orden necesario para un evento de alto nivel.
Una premiación que, aunque celebra lo mejor del talento dominicano, también deja lecciones claras sobre aspectos que deben elevarse para futuras ediciones.

